Burgos
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El Acueducto de Carrecalzada, construido entre 1759 y 1804, es una de las pequeñas pero esenciales obras hidráulicas que garantizan la continuidad del Canal de Castilla en su tramo norte. Su función es permitir que el arroyo de Quintanilla cruce bajo el canal sin interferir en el flujo de agua, resolviendo así uno de los numerosos encuentros entre cauces naturales y la infraestructura artificial. La obra se compone de un único arco de medio punto, de 2,30 metros de longitud y 1,30 de altura, que sostiene una estructura de 3,60 metros de largo, 2,70 de ancho y 4,40 de altura total. Realizado íntegramente en sillería de piedra caliza, destaca por la precisión de su fábrica y la sobriedad de su diseño, característicos de la ingeniería ilustrada. Aunque no conserva el pretil, su estado general es bueno y mantiene la totalidad de la obra original, lo que refuerza su valor patrimonial como testimonio directo del funcionamiento interno del canal.
La integración entre la piedra, el agua y el paisaje permite comprender cómo incluso las infraestructuras más discretas desempeñaban un papel esencial en la continuidad del canal.